Huella del terror que Cuba no olvida

En la tarde del 4 de marzo de 1960, dos explosiones, una detrás de otra, separadas apenas por escasos minutos, estremecieron La Habana. Poco a poco toda Cuba conoció la noticia: un atentado terrorista hizo estallar el vapor francés La Coubre, que descargaba desde el día anterior, en el antiguo muelle de la Pan American Docks, armas destinadas a la defensa de la naciente Revolución Cubana.
La primera explosión causó «una gigantesca columna de humo, que ascendió con rapidez desde la popa del buque y tomó forma de hongo mientras se elevaba. La confusión fue total», recordó el investigador cubano Tomás Gutiérrez en un artículo publicado en este diario.
Inmediatamente soldados, rebeldes, miembros de la Policía Nacional Revolucionaria, bomberos, obreros portuarios y el pueblo en general, acudieron a prestar ayuda, sin saber que, minutos más tarde, ocurriría una segunda detonación.
Pocos de los que fueron a socorrer a los primeros heridos sobrevivieron, aseguró el secretario del Partido Comunista de Cuba en el municipio de Habana Vieja, Rodolfo Cándado, durante un acto de homenaje a las víctimas de la explosión del buque La Coubre, que tuvo lugar este lunes en el muelle capitalino que hoy lleva su nombre.
Ofrendas florales a nombre del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido; Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y el pueblo de Cuba, fueron colocadas en la tarja que recuerda a los caídos.
El atentado a La Coubre dejó un saldo de 101 fallecidos, entre ellos seis marinos franceses y ocho trabajadores portuarios españoles, 400 personas lesionadas o incapacitadas de por vida y 82 niños sin padres.
Las pruebas realizadas demostraron que no se trató de un accidente, sino de un hecho intencional, un sabotaje preparado fuera de Cuba, organizado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).
Cincuenta y nueve años después, nuestro pueblo no olvida el dolor que dejó esta barbarie, ni quienes la perpetraron, afirmó Rodolfo Cándado.
Durante el sepelio de las víctimas del 4 de marzo de 1960, realizado al día siguiente, desde una tribuna improvisada sobre la cama de una rastra, en la intersección de la avenida 23 y calle 12, frente al cementerio Cristóbal Colón, «Fidel enarboló por primera vez la consigna que sigue expresando la voluntad del pueblo cubano de resistir en su lucha: “Patria o Muerte”», rememoró el Secretario.
Hoy esta frase sigue siendo nuestra máxima, añadió. «A pocos días de que el pueblo mayoritariamente respaldara la nueva Constitución, hacemos nuestras las palabras de Fidel: “Cuba no se acobardará. La Revolución continuará su marcha”», concluyó Cándado.

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