8 de octubre de 1967: Ernesto Che Guevara libra su último combate

El 8 de octubre de 1967, en la Quebrada del Yuro, en Bolivia, el Comandante Ernesto Che Guevara libra su último combate. Al ser herido y hallarse su arma inutilizada fue hecho prisionero.

Resultó trasladado hacia la escuelita de La Higuera donde lo tienen retenido hasta que el día siguiente a la una y treinta de la tarde fue vilmente asesinado, publica Radio Rebelde.

Se intentaba así con su desaparición física que se diluyera su ejemplo en el tiempo. Pero por el contrario el Che alcanzaría una mayor dimensión en la historia.

Nacido en la ciudad de Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, desde joven se sensibilizó con la situación que padecían en el mundo, y de modo especial en América Latina, múltiples hombres y mujeres.

Particularmente entre diciembre de 1951 y julio del año siguiente en un singular recorrido que hiciera junto a su amigo Alberto Granado por varios países latinoamericanos pudo apreciar esa realidad.

Cuando cumplía 24 años se hallaba en un leprosorio de Perú. Y en un encuentro con enfermos y personal médico de esa institución, al hablar en la actividad que le organizaron para festejar su onomástico, llegó a exponer:

Quiero recalcar algo más, un poco al margen del tema de este brindis, aunque lo exiguo de nuestras personalidades nos impide ser voceros de su causa; creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es completamente ficticia. Constituimos una sola raza mestiza que desde México hasta el estrecho de Magallanes presenta notables similitudes etnográficas. Por eso, tratando de quitarme toda carga de provincialismo exiguo, brindo por Perú y por toda América unida.

El seis de julio de 1953, después de haber concluido sus estudios y de recibir el título de médico, decidió salir de su país natal.

En la estación ferroviaria General Belgrano, en Buenos Aires, ante la presencia de familiares y amigos que lo despedían, él avanzó hacia el tren que ya iniciaba su marcha. Entonces de pronto se vira, alza el brazo donde sostenía un bolso, y grita: “¡Aquí va un soldado de América!”

No imaginaron los testigos de esa escena que en el transcurso de pocos años Ernesto Guevara sobresaldría como un aguerrido combatiente, en este caso durante la guerra revolucionaria en Cuba.

Antes que eso ocurriera, en Guatemala en junio de 1954 él se ofreció para defender al gobierno constitucional de Jacobo Arbenz, que había llevado adelante un programa progresista en el país y contra el cual se había lanzado una agresión apoyada por el gobierno de los Estados Unidos de América.

Ante la tensa situación que se creó tras el derrocamiento de Arbenz, en el mes de septiembre Ernesto Guevara se vio obligado a salir de Guatemala y entonces se dirigió en tren hacia México.

Fue en este país que se reencuentra en forma casual con el cubano Antonio, Ñico, López, quién había participado en las acciones ocurridas en Cuba el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.

A Ñico López Ernesto lo había conocido y se relacionó con él en Guatemala. Y fue a través de Ñico en la capital mexicana que conoció primero a Raúl y después a Fidel Castro.

El primer encuentro con Fidel

Del encuentro inicial que tendría con Fidel, señaló en un trabajo que elaboró años después del triunfo de la Revolución Cubana:

Lo conocí en una de esas frías noches de México, y recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche –en la madrugada- era yo uno de los futuros expedicionarios.

 

A partir de ese instante el joven Ernesto Che Guevara se interrelaciona con Fidel y con otros de los cubanos que se hallaban en México con vistas a prepararse en dicho país para retornar a Cuba lo más pronto posible para reanudar la lucha contra la dictadura militar reaccionaria de Fulgencio Batista.

Ernesto atraviesa un instante particularmente difícil en junio de 1956 cuando en unión de los cubanos que se adiestraban resultó detenido en un rancho en las afueras de Ciudad México.

Sobre él pesaba el peligro de cómo era un extranjero sin la documentación correspondiente fuera incluso deportado. Estuvo alrededor de un mes detenido. Fidel no lo abandona. Se esfuerza en forma notable por lograr su liberación hasta que lo consigue.

El Che entonces se reincorpora al grupo de revolucionarios cubanos que intensifican su preparación para estar lo más apto posible para continuar combatiendo al régimen dictatorial en Cuba.

Fue así como en la madrugada del 25 de noviembre de 1956 forma parte de los 82 expedicionarios que dirigidos por Fidel salen del puerto mexicano de Tuxpan a bordo del pequeño yate Granma hacia Cuba.

Más allá de las incomodidades que tuvo que encarar por la gran cantidad de hombres que viajaban en el pequeño yate, unido a los bultos con las armas, uniformes, alimentos, así como las vasijas con agua y combustible, para el Che la travesía durante casi siete días fue extremadamente dura porque sufrió ataques de asma, enfermedad que lo que aquejaba desde la etapa de su niñez. Pero aun así sobresalió por su entereza.

A Cuba llegó el dos de diciembre de 1956 y tres días después recibió su bautismo de fuego, cuando los combatientes rebeldes sufrieron un sorpresivo ataque de los soldados de la tiranía en la zona conocida como Alegría de Pío.

Producto de ello los expedicionarios resultaron dispersados. Varios de ellos en los siguientes días fueron apresados y asesinados por las fuerzas de la dictadura. Sólo un pequeño grupo pudo reencontrarse con Fidel días después en la zona montañosa al contar con la ayuda de los campesinos.

Concebido inicialmente para desempeñar las funciones de médico, atendiendo a su profesión, dentro de la tropa rebelde, muy pronto en Cuba el Che sobresalió como un aguerrido combatiente.

Ya en el mes de julio de 1957 Fidel le otorgó el grado de Comandante. Fue el primero de los combatientes que le conferían tal condición.

En el transcurso de la guerra Fidel le encomendó la realización de misiones importantes. Primero, después del combate en la zona del Uvero, el 28 de mayo de 1957, le asignó dirigir una pequeña columna y la atención de los combatientes que habían sido heridos. #EternoGuerrillero #MiHistoriaCrecera  #octubreDeHistoria #FielesANuestraHistoria

 

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