Muerte de Julio Antonio Mella

Julio Antonio Mella fue asesinado la noche del 10 de enero de 1929 en la esquina de Abraham González con Morelos, de dos tiros de revólver calibre 3818​ (que por cierto era el tipo de arma que Vittorio Vidali usualmente portaba): la primera bala atravesó el codo izquierdo y el intestino, la segunda perforó un pulmón. El juez Alfredo Pino Cámara interroga a Tina Modotti y «la sorprende en varias contradicciones»:19​ Modotti declaró que quien disparó desde un automóvil en la oscuridad lo hizo mientras ella caminaba tomada del brazo izquierdo de Mella, algo imposible porque la primera bala lo hirió en ese brazo, y no pudo ser un acto sorpresivo porque Mella corría tratando de escapar.

Hubo tres testigos de los hechos: el panadero Luis Herberiche, quien se encontraba en la puerta de su panadería, y los jóvenes Anacleto Rodríguez y José Flores, que estaban a la puerta de su casa en Abraham González. Los tres afirman que vieron «a tres personas, dos hombres y una mujer», avanzando desde Bucareli y discutiendo animadamente, y que uno de los dos hombres sacó una pistola y disparó mientras el otro corría hacia delante. En el careo con Tina Modotti, Herberiche declaró: «No tengo ningún motivo para engañar a la justicia. Soy un comerciante al que no le gusta verse implicado en estos hechos. Siento mucho desmentir a la señora, pero lo que dije es la verdad y lo sostengo».20

Tina Modotti fue considerada como sospechosa, en el supuesto que conocía al asesino o era su cómplice. Pero esto hizo que el caso derivara hacia un motivo pasional, el clásico triángulo, lo cual de alguna manera funcionó como cortina de humo.

Obsérvese que la versión según la cual Mella es ultimado por los sicarios de Machado no tiene otra base que la suministrada por los mismos involucrados. Incluso las últimas palabras de Mella son recogidas por Tina Modotti.13

La policía, no obstante, decide descartar las declaraciones de tres testigos en favor de la de Modotti debido a que era «imposible que unos vecinos hayan podido ver lo que dicen haber visto el jueves un poco después de las nueve, ya que la luna era muy pequeña y baja»13​ No debe descartarse el factor de influencia que las gestiones de Diego Rivera (quien era amigo personal del Presidente) a favor de Modotti tuvieron en este resultado.

Asimismo, es el propio presidente de México quien el 16 de enero (sólo 6 días después) ordena mediante decreto el cierre de las pesquisas. ¿Quién mató a Mella? La versión política se impone: unos fantasmagóricos agentes enviados desde La Habana, a quienes nadie vio y ningún testigo pudo ubicar en la escena del crimen, lo hicieron. La policía se deslinda del problema remitiéndolo al extranjero. Los comunistas tienen un mártir.13Tina Modotti queda libre de sospechas.

En 1941, pocos meses antes de su muerte, Tina Modotti dijo lo siguiente de Vittorio Vidali a Jesús Hernández, que había sido ministro del gobierno republicano español:

«…No es más que un asesino, y me arrastró a un crimen monstruoso. Lo odio con toda mi alma. Pero estoy obligada a seguirlo hasta el final. Hasta la muerte…»21

De Tina Modotti dijo Celia Hart: «…no le perdono que teniendo la fina sensibilidad de una artista y habiendo sido amada por el hombre más bello, inteligente y revolucionario de su tiempo, se hubiese ligado al oscuro Vidali. Pero Mella y no Vidali es el que está fresco y más vivo que nunca. Vidali permanecerá helado y siempre con mal olor…»10

Irónicamente la muerte de Modotti se produjo en un taxi la noche del 5 de enero de 1942, por «congestión visceral generalizada», como reza el acta de defunción, y no por un «ataque del corazón» como siempre dijo Vidali. La «congestión» sirvió a la prensa para anunciar en primera plana: «ENVENENADA TINA MODOTTI, TÍPICA ELIMINACIÓN ESTALINISTA».

Nunca se supo realmente de qué murió Tina.22

Es muy probable que el misterio del asesinato de Mella no se esclarezca nunca. Cabe señalar que Celia Hart no descartó que el crimen fuese cometido por los estalinistas.2310

El asesinato de Mella ilustra la complejidad de aquellos tiempos y muestra la habilidad de Vidali para cubrir sus huellas y entorpecer las pesquisas. Oficialmente, José Agustín López (de quien se dice no tenía ninguna afiliación política) fue acusado del homicidio, pero otros dos conocidos pistoleros, Jose Magriñat y Antonio Sanabria fueron también considerados sospechosos. Magriñat fue arrestado pero más tarde puesto en libertad. Fue ultimado a balazos en Cuba por los comunistas en 1933, quizá atando un cabo suelto.

El cómo estos hombres de Machado pudiesen haber operado independientemente en un ambiente tan altamente politizado como el de Ciudad de México de aquel entonces nunca ha sido explicado.18​ Para añadir aún más misterio, según fuentes, Magriñat y Diego Rivera, quien acababa de regresar de Cuba, habían alertado a Mella de que estaba en peligro.13

Los restos de Julio Antonio Mella fueron incinerados en el Panteón Francés de la capital azteca y después se organizó la despedida de las cenizas en el Anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria, anexa a la Universidad Autónoma de México. Sus cenizas fueron trasladadas a Cuba el 29 de septiembre de 1933. #SomosContinuidad #TenemosMemoria #SomosCuba

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