#TenemosMemoria

Se inicia la contraofensiva cubana el martes 18 de abril, con el empleo masivo de artillería adquirida recientemente en la Unión Soviética y Checoslovaquia. Las maltrechas tropas de la Brigada 2506 que controlan las dos carreteras de acceso a Playa Girón son obligadas a retroceder hasta la zona de San Blas, mientras siguen siendo atacadas desde el aire por los T-33 y Sea Fury del gobierno cubano. La población civil situada en la zona se suma masivamente al esfuerzo en contra de los invasores,[cita requerida] lo cual desmoraliza a los jefes de la Brigada 2506.
El único apoyo que reciben los invasores proviene de dos aviones A-26 enviados a toda prisa desde Nicaragua, que por la mañana bombardean convoyes de tropas cubanas en la zona de Horquitas, pero que evitan luchar contra los aviones gubernamentales y se retiran casi de inmediato. En Playa Larga las tropas asaltantes, ante su difícil situación por la falta de municiones, deciden abandonar sus posiciones después del mediodía y dirigirse a Playa Girón para unirse a los otros miembros de la brigada. Al acabar el día, el ejército regular cubano se hace con el control de Playa Larga.
Esa misma noche, Richard M. Bisell se reúne con Kennedy en Washington D. C. para discutir las acciones a seguir. Bisell se retracta de su plan original y pide a Kennedy que aviones de guerra estadounidenses hagan vuelos de apoyo a los invasores de Playa Girón, ante el grave riesgo de sufrir un fracaso militar en caso de no auxiliar a los invasores.
La posición de Bisell es apoyada por Arleigh Burke, almirante estadounidense a cargo de las operaciones navales de la invasión, quien alega ante Kennedy: “Nosotros llevamos a esos cubanos, y nosotros tenemos que sacarlos de allí”. El general Lyman Lemnitzer, asesor militar de Kennedy, sugirió que los invasores huyeran hacia el este, a las montañas de Escambray, para iniciar guerra de guerrillas, pero Bisell negó que ello fuera posible al estar ya cercados por tropas cubanas diez veces superiores en número. Finalmente Kennedy, apoyado por el Secretario de Estado Dean Rusk, se niega a enviar apoyo militar alegando la urgencia de mantener «mínima visibilidad» e impedir que se descubra el patrocinio estadounidense a la invasión. #TenemosMemoria

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